
El punto no es si la película El Código Da Vinci es buena o mala. O si es una copia más o menos exacta y fiel del libro. O si es ficción o no.
El verdadero punto y que la Iglesia obvia a su conveniencia es que estamos ante un film con un escenario alegórico y de parábolas, que nos invita a cuestionarnos lo que damos por cierto y a romper cierta hipnosis religiosa colectiva. Hay muchas cosmovisiones que apuntan en ese sentido.
Da Vinci se ha convertido en un poder frente a la verdad oficial. Más allá de una película polémica cualquier católico tiene que plantearse que existe una lucha entre el dogma y la heterodoxia. La verdad impuesta religiosa y la otra verdad oculta y herética. La otra verdad gnóstica, mágica, esotérica tan temida por la iglesia como poder-establishment.
Todo ese asunto sobre María Magdalena es tan sólo la reivindicación de lo femenino como inherente a lo sagrado. Es recordarnos que hubo un culto a la diosa duramente oprimido por Constantino en 325 para cimentar un modelo de creencias en lo masculino.
Eso es lo que nos enseña Da Vinci.
Todo ese asunto de códigos, es tan sólo la función revulsiva/creadora del arte; la pintura como una arma potente en contra de sistemas de pensamientos religiosos. Depositaria de ideología.
Lo que si no dice mi amigo y apreciado sacerdote Baltasar Porras, en una crítica cuando habla de "vividores de la religión" y de la ficción de El Código de Da Vinci, es que los especialistas en exégesis bíblica y en lenguas antiguas, han desmostrado fuera de toda duda los añadidos y las manipulaciones posteriores de la Biblia. Así como la presencia de múltiples interpolaciones doctrinales en los evangelios y cómo se han pervertido los mismos. La única ficción es que los historiadores han demostrado y puesto en evidencia que buena parte de la historiografía católica es, simple y llanamente, mentira.
Y respecto a lo de "vividores de la religión" basta recordar quienes son los expertos en ello. No muy lejos están más de 30 años fructíferos en la comercialización del dichoso secreto de Fátima. Que bastantes ganacias jugosas dió a la iglesia.
En este juego pues de mentiras, sin embargo tenemos un símbolo de la película que es claro. Reflexionar y analizar si se han manipulado los evangelios en beneficio de la iglesia. Hace tiempo que mi persona, como católico que fui, que puse en entredicho los dogmas que la iglesia me enseñó.
Lógico es que a los amigos de la Iglesia, no guste mucho cuando el film- libro apuestan por la recuperación del lado femenino de la espiritualidad y de los ancestrales cultos a la mujer y a la naturaleza, que conllevan automáticamente a un planteamiento del sacerdocio femenino.
De ahí la gran conmoción.
Nos queda por último: ¿La figura de Magdalena como auténtica sucesora de Jesús?
Que cada cual saque sus propias conclusiones. La verdad os hara libres (Jn 8,32) y las mentiras de la iglesia os hará creyentes.
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lunes, mayo 22
Mentiras de la Iglesia y Mentiras de Da Vinci
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