
Me voy a referir al
Banco Federal únicamente como entidad sígnica y como ejemplo de ese juego escabroso de
periodistas-Venezuela que se prestan para hacer publicidad comercial.
La combinacion periodistas y publicidad es muy, pero muy peligrosa, y puede terminar con la excomunión de alguien cuando en algun momento entre el producto-anunciado y el periodista-vendedor chocan los intereses de ética periodística -uf qué palabrita- por equis razón.
Alberto Nolia /
Los papeles de Mandinga el lunes 23 marzo 2009 8 p.m, hizo referencia durante unos 20 minuntos- al
Banco Federal y sus accionistas.
No para cuestionar el Banco Federal / Caracas-Venezuela y sus depósitos o algo parecido. Sino el Banco Federal como sujeto simbólico involucrado en un buen chisme de intereses económicos y de nalgudos banqueros.
Accionistas del Banco Federal / Caracas-Venezuela estaban sencillamente haciendo presión para que la Alcadía de Caracas metiera los reales en dicho banco.
Nada nuevo. Juego arcaico dentro dentro de las categorías bancarias.
Pero el periodista demoníaco Alberto Nolia me hizo recordar a Pedro Luis Flores /periodista Globovisión que hace precisamente la publicidad del Banco Federal y nos invita a meter nuestros ahorros en esa institución.
Me hizo recordar pues la eterna polémica de periodistas que juegan con la nitroglicerina de la publicidad en Venezuela. Y que se convierten en la imagen del producto a costa del periodismo.
Mi punto es: O eres periodista. O eres publicista.
Pero si eres un periodista anunciador de productos comerciales sean toallas femeninas o bancos entonces estás traicionando de alguna manera, de alguna forma o en algún momento la leyes sagradas del
periodismo.
Es muy simple ¿Acaso la voz del amo que financia el noticiero de turno no tiene siempre la razón?
Basta preguntarse -y esto en general para cualquier producto y periodista-, ¿Qué pasa con esos periodistas prestados a la publicidad, cuando el producto sea una toalla sanitaria o un banco llámese Banco Federal o lo que sea, y que financia su informativo de turno, entra en alguna situación-crítica-noticia que no conviene trascender a la opinión pública, pero que el periodista como tal está en la obligación de informar o comentar al colectivo y entonces calla con complicidad?
Llega pues el momento donde el verdadero periodismo -y aquí me refiero al verdadero periodismo- sale entonces perdiendo. Y nosotros también.